Mi historia como scout comenzó hace ya unos cuantos años. Todo empezó en mi colegio, en el Grupo Águilas de MSC, un grupo que aún existe.  Ahí pasé la etapa de manada y conseguí mi promesa de lobato.  La verdad es que, no sé si por la edad o porque cribamos los recuerdos que guardamos en nuestro cerebro, esa etapa está muy desdibujada. Tan solo un momento puntual, el campamento que realizamos en el Alto Campoo, en Cantabria, está perfectamente claro en mi memoria. Y la razón no es otra que, gracias a esos quince días me enganché a esta forma de vida.

La siguiente etapa, y sin duda la mejor, la viví en el grupo el Grupo Scout Estrella Polar. Un grupo de barrio madrileño, perteneciente a Scouts Baden Powell (SBP). Sin duda aquí, viví mis mejores momentos y desarrollé verdaderamente mis habilidades en el escultismo.

Durante mi paso por la sección scout, tuve la suerte de poder realizar la promesa Scout. Fue en un pueblo de Ávila, El Arenal, en un campamento de verano.

En ese momento, como buen adolescente, al realizar mi promesa, experimenté algo a lo que se le da mucha importancia a esa edad: La alegría que supone la aceptación por el grupo, formar parte, de pleno derecho, llevando el distintivo de la pañoleta. Extrapolándolo a Sant Yago, el alivio que supone posar en las fotos de pie, con el pañuelo al cuello, en vez de en cuclillas.

La reflexión sobre lo que significaba la promesa en sí misma, lo que es cumplir un compromiso durante esa etapa, no lo tenía muy desarrollado. Podría decir que sí, que tenía en la nebulosa de mi cabeza de adolescente, la idea de realizar una buena acción, de servir al grupo y a la sociedad, pero asimilado más como un juego, que como compromiso.

El paso de los años me llevó inexorablemente al fin de la etapa como educando. Por este motivo, el grupo me ofreció la posibilidad de seguir progresando como monitor. Primero en comandos, que es como se llamaba en SBP la unidad esculta. Más adelante en Scouts (tropa) y finalmente en Manada. Inicialmente como Baloo y posteriormente siendo Akela, terminando así mi relación activa con el grupo Estrella Polar.

Ser responsable de otras personas, me hizo cambiar el concepto de lo que significaba la promesa.  Se acabaron los momentos de despreocupada diversión. En segundo plano quedó la seguridad que ofrece encontrar todo preparado después de una tarde de juegos y absoluta camaradería con tus compañeros. Había pasado a tener una obligación, a ser un referente que te convierte en el foco de atención.  A partir de ese momento, tus acciones son medidas y juzgadas por los niños que tienes a tu cargo. Es hora de dar ejemplo, de llevar a cabo las acciones, aunque cuesten.  Debes ser el primero porque de otro modo, es difícil que te sigan. Ahí comienzas a entender una parte de lo que es tu promesa, servicio.

MSC Scouts Sant Yago Cáceres Escultismo

Ahora, cuando el colágeno empieza a abandonar mis articulaciones y mi pelo brilla por su ausencia, me doy cuenta de que mi promesa la llevo dentro.  Ya no necesito llevar un pañuelo al cuello para mostrar mi pertenencia a un grupo, o un símbolo que identifique mis actos hacia los demás. La promesa está en mi interior. Sé que cualquier acción realizada, a pesar de mis muchos errores, procuro hacerla lo mejor posible, progresando día a día. Soy consciente de que, yendo de puntillas, de forma silenciosa y sin que nadie se entere, mi misión es dejar lo que me ha sido dado, lo mejor que me permitan mis fuerzas y habilidades.

Por eso, es hoy cuando veo claramente que mi vida ha estado marcada por una promesa y lo que empezó como un juego, terminó modelando a la persona.

SLPS

Lince aguerrido