“La oportunidad es un ómnibus que hace muy pocas paradas.

Baden-Powell en Escultismo para Muchachos

Seguramente esta frase podrá invitar a pensar a la gente de a pie a que hay que aprovechar bien el tiempo. No digo que no sea cierto; es más: una de las cualidades por las que se hace destacar un Scout es por su rapidez y por hacer las cosas bien. Pero el sentido que quiero dar a estas líneas va un paso más allá: Se trata de cultivar el arte de superarte cada día.

Haciendo introspección en mis catorce años de (in)experiencia en el movimiento scout, he llegado a la conclusión de que siempre se van a cometer errores, y más, cuando entras en el maravilloso mundo de ser Scouter. Verdaderamente, y según avanza el tiempo, te llegas a preguntar: ¿pasa algo por ello? La respuesta es sencilla: no; no, siempre que los subsanes y aprendas de cada uno de los errores.

Como anécdota y para ilustraros en esta idea, os diré que en mi primer año de Scouter he podido observar en mí una enorme cantidad de fallos, a veces con su consiguiente ‘toque de atención’, pero -a pesar de ello- merece la pena, ya que si hay algo de lo que estoy orgulloso, es del ejemplo de los más veteranos en esta bonita y aparentemente dura etapa, ya que si no fuese por ellos, no hubiese conseguido rectificar fallos para así a la vez servir de ejemplo para los más pequeños. Volvería a repetir con los ojos cerrados.

Es probable que mucha gente, cuando la mayoría de ella se aventuran en esta trepidante senda del escultismo, pueda ver fraguadas sus ilusiones, ganas y proyectos pendientes debido al miedo de hacer las cosas mal, pero a la vez es lo más natural, ya que en eso consiste una de las claves del escultismo: progresar. Y es en esa palabra donde metafóricamente se va a parar nuestro ómnibus que citábamos al principio.

El hecho de sentir temor por atreverse a hacer algo, a veces puede desembocar en que se nos vaya la mejor oportunidad de nuestras vidas. Hoy en día a la mayoría de la gente le repele conocer un escenario nuevo, meramente porque ya se ha normalizado el adoptar automáticamente una imagen negativa de no saber desenvolverse bien.

En el escultismo sucede todo lo contrario: cada día es un reto nuevo, una oportunidad para ayudar a los demás, aunque sea sacando una sonrisa a alguien paseando por la calle y saber que has cumplido tu buena acción diaria. En términos generales, el escultismo es también una forma de poder pulir dos aspectos de una persona:

  • En primer lugar, la empatía: Los scouts se caracterizan por ser útiles y serviciales (Art. 3 de la Ley Scout). En cualquier parte del mundo, es sabido por todos que allá donde vean a un grupo de personas con una pañoleta al cuello van a poder contar con ellos para lo que sea y lo mejor de esto es que lo hacemos sin dar nada a cambio. Eso es compromiso con la sociedad.
  • Por otra parte, la autorrealización: Ser scout (Y más en un Grupo de alta exigencia como Sant Yago) te hace ver que, al ponerte tu uniforme, o como solemos llamar nosotros, tu “supertraje”, sientes que tienes la aptitud y la actitud de servir al resto.

Aptitud, porque es en el día a día donde puedes hacer un análisis y ver en lo que puedes mejorar y a la jornada siguiente suprimir ese error del cual no te percataste el día anterior, por ejemplo, de que se había caído un educando jugando en una actividad nocturna y no lo habías previsto.

Actitud, porque ser scout de este grupo y de esta gran familia implica ir haciéndote madurar, paulatinamente, y crecer tanto física como mentalmente, así como también educarte en valores. Lo curioso es que todos estos elementos positivos puedes compartirlos con el resto para así ayudar a la comunidad a ser personas de provecho.

Formar parte de este estilo de vida es una de las más grandes oportunidades que las personas deberían vivir y subirse a ese vehículo conformado por gente que tiene una misión en la vida: Hacer felices a los demás.

Quiero animar desde este escrito a todo el mundo a comenzar o proseguir, según la etapa en la que os encontréis, en este caminar, antes de que se vaya el autobús.

Miguel Mendo

Baloo