Juan Pablo II nos ha mostrado un nuevo camino a los jóvenes: el del poder fascinante del amor. Sant Yago ha estado en contacto con él en tres ocasiones. Lo vimos muy cerquita, y nos saludo lleno de cariño. Ahora llega el momento de vivir lo que nos enseñó. Esta sencilla página quiere ser un recuerdo de esos momentos.

 

Ciudad del Vaticano, 26 de julio de 2000. Juan Pablo II se acerca por el llamado Arco de las Campanas en una de las veces que pasó a nuestro lado. ¡¡Eo Eo Eo... !!

 

Ciudad del Vaticano, 26 de julio de 2000. Vemos llegar al Papa y agitamos nuestras pañoletas en señal de saludo. ¡¡¡Juan Pablo II, te quiere todo el mundo!!!

 

El buen tiempo contribuyó a una jornada inolvidable... Y esa misma tarde nos esperaba Asís... ¡Que emoción!

 

Madrid, 3 y 4 de mayo de 2003. Los monitores del Grupo asisten al encuentro con Juan Pablo II en el aeródromo de Cuatro Vientos (Madrid), y a los actos programados con motivo de la visita apostólica del Papa a España. Fueron cuatro días inolvidables, de encuentro con otros muchos jóvenes.

 

En Cuatro Vientos (como en la plaza de Colón al día siguiente), vimos al Papa y escuchamos su mensaje, lleno de esperanza para todos. Si quieres conocer el mensaje, pincha aquí.

 

Roma, 8 de septiembre de 2004. El papa celebra con la Natividad de la Virgen y entona un canto en defensa de la infancia a causa de la matanza de niños en el colegio de Beslán (Osetia).

 

 

 

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"Espera y asombro del hombre ante el misterio".

1. "¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!" ( Is 63, 19). Esta gran invocación de Isaías, que sintetiza bien la espera de Dios presente ante todo en la historia del Israel bíblico, pero también en el corazón de cada hombre, no ha caído en el olvido. Dios Padre ha cruzado el umbral de su trascendencia: mediante su Hijo, Jesucristo, ha recorrido los senderos del hombre y su Espíritu de vida y amor ha penetrado en el corazón de sus criaturas. No permite que nos alejemos de sus caminos ni deja que nuestro corazón se endurezca para siempre (cf. Is 63, 17). En Cristo, Dios se acerca a nosotros, sobre todo cuando nuestro "rostro está triste", y entonces, al calor de su palabra, como sucedió con los discípulos de Emaús, nuestro corazón empieza a arder dentro de nosotros (cf. Lc 24, 17. 32). Sin embargo, el paso de Dios es misterioso y exige una mirada pura para descubrirlo, y oídos dispuestos a escucharlo. 

2. Desde esta perspectiva, queremos reflexionar hoy sobre dos actitudes fundamentales que es preciso adoptar en relación con el Dios-Emmanuel, el cual ha decidido encontrarse con el hombre en el espacio y en el tiempo, así como en la intimidad de su corazón. La primera actitud es la espera, bien ilustrada en el pasaje del evangelio de san Marcos que acabamos de escuchar (cf. Mc 13, 33-37). En el original griego encontramos tres imperativos que articulan esta espera. El primero es: "Estad atentos"; literalmente: "Mirad, vigilad". "Atención", como indica la misma palabra, significa tender, estar orientados hacia una realidad con toda el alma. Es lo contrario de distracción que, por desgracia, es nuestra condición casi habitual, sobre todo en una sociedad frenética y superficial como la contemporánea. Es difícil fijar nuestra atención en un objetivo, en un valor, y perseguirlo con fidelidad y coherencia. Corremos el riesgo de hacer lo mismo también con Dios, que, al encarnarse, ha venido a nosotros para convertirse en la estrella polar de nuestra existencia.

3. Al imperativo "estad atentos" se añade "velad", que en el original griego del evangelio equivale a "estar en vela". Es fuerte la tentación de abandonarse al sueño, envueltos en las tinieblas de la noche, que en la Biblia es símbolo de culpa, de inercia y de rechazo de la luz. Por eso, se comprende la exhortación del apóstol san Pablo: "Vosotros, hermanos, no vivís en las tinieblas, (...) porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas. Así pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados" (1 Ts 5, 4-6). Sólo liberándonos de la oscura atracción de las tinieblas y del mal lograremos encontrar al Padre de la luz, en el cual "no hay fases ni períodos de sombra" ( St 1, 17). 

4. Hay un tercer imperativo, repetido dos veces con el mismo verbo griego: "Vigilad". Es el verbo del centinela que debe estar alerta, mientras espera pacientemente que pase la noche y despunte en el horizonte la luz del alba. El profeta Isaías describe de modo intenso y vivo esta larga espera, introduciendo un diálogo entre dos centinelas, que se convierte en símbolo del uso correcto del tiempo: ""Centinela, ¿qué hay de la noche?". Dice el centinela: "Se hizo de mañana y también de noche. Si queréis preguntar, preguntad, convertíos, venid" ( Is 21, 11-12). 

Es preciso interrogarse, convertirse e ir al encuentro del Señor. Las tres exhortaciones de Cristo: "Estad atentos, velad y vigilad" resumen muy acertadamente la espera cristiana del encuentro con el Señor. La espera debe ser paciente, como nos recomienda Santiago en su Carta: "Tened paciencia (...) hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca" ( St 5, 7-8). Para que crezca una espiga o brote una flor hace falta cierto período de tiempo, que no se puede recortar; para que nazca un niño se necesitan nueve meses; para escribir un libro o componer música de valor, a menudo se requieren años de búsqueda paciente. Esta es también la ley del espíritu: "Todo lo que es frenético pasará pronto", cantaba un poeta (Rainer María Rilke, Sonetos a Orfeo). Para el encuentro con el misterio se requiere paciencia, purificación interior, silencio y espera. 

5. Hablábamos antes de dos actitudes espirituales para descubrir a Dios que viene a nuestro encuentro. La segunda -después de la espera atenta y vigilante- es la admiración, el asombro. Es necesario abrir los ojos para admirar a Dios que se esconde y al mismo tiempo se muestra en las cosas, y que nos introduce en los espacios del misterio. La cultura tecnológica y, más aún, la excesiva inmersión en las realidades materiales nos impiden con frecuencia percibir el aspecto oculto de las cosas. En realidad, todas las cosas, todos los acontecimientos, para quien sabe leerlos en profundidad, encierran un mensaje que, en definitiva, remite a Dios. Por tanto, son muchos los signos que revelan la presencia de Dios. Pero, para descubrirlos debemos ser puros y sencillos como niños (cf. Mt 18, 3-4), capaces de admirar, de asombrarnos, de maravillarnos, de embelesarnos por los gestos divinos de amor y de cercanía a nosotros. En cierto sentido, se puede aplicar al entramado de la vida diaria lo que el concilio Vaticano II afirma sobre la realización del gran designio de Dios mediante la revelación de su Palabra: "Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía" ( Dei Verbum , 2).

 

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NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA

1. La liturgia nos recuerda hoy la Natividad de la santísima Virgen María . Esta fiesta, muy arraigada en la piedad popular, nos lleva a admirar en María niña la aurora purísima de la Redención . Contemplamos a una niña como todas las demás y, al mismo tiempo, única, la "bendita entre las mujeres" ( Lc  1, 42). María es la inmaculada "Hija de Sión", destinada a convertirse en la Madre del Mesías.

2. Al contemplar a María niña, no podemos por menos de pensar en tantos niños inermes de Beslán, en Osetia , víctimas de un bárbaro secuestro y asesinados trágicamente. Se encontraban dentro de una escuela , lugar donde se aprenden los valores que dan sentido a la historia, a la cultura y a la civilización de los pueblos:  el respeto mutuo, la solidaridad, la justicia y la paz. Ellos, en cambio, entre esas paredes experimentaron el ultraje, el odio y la muerte, consecuencias nefastas de un cruel fanatismo y de un insensato desprecio de la persona humana.

En este momento, nuestra mirada se dirige también a todos los niños inocentes que, en las diversas partes del mundo, son víctimas de la violencia de los adultos. Niños obligados a empuñar las armas y educados a odiar y matar; niños forzados a mendigar por las calles, explotados para obtener fáciles ganancias; niños maltratados y humillados por la prepotencia y los abusos de los mayores; niños abandonados a sí mismos, privados del calor de la familia y de una perspectiva de futuro; niños que mueren de hambre; niños asesinados en los numerosos conflictos que se libran en diversas regiones del mundo.

3. Es un fuerte grito de dolor de la infancia ofendida en su dignidad . Ese grito no puede, no debe dejar indiferente a nadie. Amadísimos hermanos y hermanas, ante la cuna de María niña tomemos renovada conciencia del deber que todos tenemos de tutelar y defender a estas frágiles criaturas y construir para ellas un futuro de paz . Oremos juntos a fin de que se creen para ellos las condiciones de una existencia serena y segura.

 

 

 

MENSAJE DE JUAN PABLO II A LOS SCOUTS

Siguiendo el ejemplo de mis predecesores, que en muchas ocasiones elogiaron los nobles propósitos de vuestro movimiento y sus logros a escala mundial, desde que lord Baden Powell lo fundó hace ya más de ochenta años, os expreso mi consideración personal por el movimiento scout como una magnífica experiencia educativa y una forma de empeño social y religioso. Me alegra saber que hoy más de dieciséis millones de jóvenes de todas las razas, religiones y culturas, participan en las actividades de vuestro movimiento.

En la coyuntura política y en las circunstancias sociales actuales estáis descubriendo nuevas oportunidades para una presencia renovada de vuestra organización en los países de Europa central y oriental. Estáis realizando igualmente notables progresos en Asia, África y América Latina, mientras que vuestro movimiento sigue atrayendo a jóvenes en los países donde tradicionalmente ha sido siempre fuerte

Al congratularme con vosotros por la dedicación y el dinamismo con los cuales servís a esta causa, deseo alentaros a seguir sosteniendo los elevados ideales y los estimulantes programas de desarrollo personal, de hermandad, fraternidad y servicio que hace que vuestro movimiento sea tan atrayente para la juventud.

El fin de vuestro movimiento , es ante todo, la educación. Sus miembros lo experimentan como un crecimiento en la madurez personal y en la responsabilidad social. Aprenden a asumir su lugar en la vida mediante la dimensión profunda del compromiso por el bien común. Cultivan el deseo ferviente de construir la cultura de la buena voluntad, conocen la apertura y la armonía en las relaciones humanas, el respeto por el ambiente y la aceptación del deber, incluyendo el más fundamental de todos: el amor hacia el Creador y la obediencia a su voluntad.

Vuestro movimiento es capaz de ayudar a millones de jóvenes, muchachos y muchachas, a fin de que trabajen por la civilización de "ser', en contraste con la civilización del "tener", que está produciendo en numerosas sociedades tantas manifestaciones alarmantes de egoísmo, frustración y desesperanza, e incluso de violencia , como un camino de vida.

El verdadero valor de vuestro movimiento estriba en la transmisión de un humanismo que se expresa en la rectitud del juicio. la fuerza del carácter, la delicadeza del espíritu y la perseverancia en pos de la verdad y el bien. Ciertamente el éxito de vuestro método tiene mucho que ver con el camino que los jóvenes han emprendido para descubrir por ellos mismos esas cualidades, mediante actividades adecuadas a su edad. El estilo espontáneo y abierto de vuestras actividades en el interior de una estructura de autodisciplina y de un código preciso de comportamiento, hace que dichas actividades resulten muy atractivas para la naturaleza particularmente entusiasta y generosa de la juventud.

La preocupación por los valores cristianos fue un aspecto esencial del programa original del movimiento scout elaborado por Baden Powell. Es precisamente esta apertura a la dimensión religiosa de la vida lo que da consistencia y dirección a los valores humanos y éticos que el movimiento procura transmitir, de los cuales los líderes de los Scouts y las guías están Ilamados a ser testigos ejemplares.

Es verdad que la Iglesia ve con especial interés el bienestar de los Scouts y guías católicos, básicamente a través de la actividad de la Conferencia católica internacional. Pero quisiera garantizaros que ella siente, además, una gran estima por todo el movimiento de los Scouts, y está segura de que la cooperación y el intercambio entre todas sus organizaciones es importante para un ulterior fortalecimiento y para el éxito del movimiento como experiencia educativa válida Queridos amigos, os renuevo mis sentimientos de aprecio y aliento.

Vosotros y los miembros de vuestro movimiento podéis estar orgullosos de las grandes tradiciones sobre la perfección personal y la abnegación en el servicio a Dios y al prójimo que habéis heredado.

Invoco la bendición de Dios sobre vosotros cuando os esforzáis por estudiar los numerosos problemas que hoy se presentan a vuestra organización y por afrontar el desafío de conservar los elevados ideales del movimiento scout.

Juan Pablo II

 

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