El scouter Miguel Ángel Bonilla narra con su estilo inconfundible seis lecciones de vida de lo que han supuesto para nosotros esas horas intensas en la ciudad de Toledo. Don Francisco Cerro, el mismo día de su nombramiento, el 21 de junio de 2007, como obispo de Coria-Cáceres, la primera felicitación que recibió fue la nuestra. Es justo, pues, que la última despedida también lo sea.  

 

El día comenzó con notas de reto épico, temprano antes del alba, frio y lluvioso, con un largo viaje por delante y la incertidumbre de una jornada repleta de actividades.

Esto no hizo sino despertar el espíritu más aguerrido de Sant Yago; no en vano íbamos a la Ciudad Imperial, con el claro objetivo de convertirnos en Caballeros de la Espada, la determinación de mostrar nuestra lealtad y amistad a quien tanto nos había dado, nuestro hasta hace poco Obispo D. Francisco Cerro Cháves, y con la promesa de obtener algunas recompensas: Promesas, Progresiones, Premios BP, y la íntima satisfacción del trabajo bien hecho.

Con el despertar de la ciudad, comenzando a poblarse de turistas y asistentes a la ceremonia de toma de posesión del Arzobispo de Toledo y Primado de España, nuestros niños y jóvenes descendieron hasta la Catedral de Toledo y ocuparon el lugar que les habían reservado para asistir a una ceremonia que por su solemnidad y trascendencia nos sumergió en un ambiente histórico, sabíamos y sentíamos como estábamos siendo testigos de un hecho relevante, pero más allá de ese sentimiento nosotros nos quedaríamos con el cariñoso gesto del flamante Arzobispo de Toledo, nuestro querido D. Francisco, que uno a uno fue saludando y abrazando a todos los componentes del Grupo Scout Sant Yago, la sonrisa y la satisfacción de su cara reflejaban la importancia que en esta vida tiene saber estar al lado de los amigos, acompañar en lo bueno y en lo malo, reconocerse en la amistad, celebrarla y manifestarla. Primera lección del día: Los Caballeros son fieles y fiables.

Inmediatamente después, en la Plaza del Ayuntamiento enmarcados entre su imponente fachada y la monumentalidad de la Catedral, el castorcito Pablo Durán hizo su promesa de Castor, y tras el Grito de Alegría de la Colonia, el grupo acudió al celebre manteo del joven Castor. Segunda lección del día: El esfuerzo y buen trabajo tiene recompensa, y todos nos alegramos juntos. 

Tocaba comer y descansar, la mañana había sido intensa, el Parque del Tránsito junto a la Sinagoga homónima y con un espectacular balcón sobre el Tajo, nos permitió compartir el momento de la comida y de los juegos, volver a demostrar que un scout siempre deja el lugar donde está mejor de cómo lo encontró. Tercera lección del día: Compartir la comida, el descanso y el juego, refuerza los lazos de la amistad y la sube a un nuevo nivel, la de los camaradas, los compañeros.

Era la hora de enfrentarse a nuestro gran juego de ciudad, si hacía dos semanas Los Caballeros de la Luz habían sido armados frente a la Iglesia de San Francisco Javier en nuestra ciudad monumental, tocaba recorrer el casco histórico Toledano. Para armarse Caballeros de La Espada iba a ser preciso recorrer lugares emblemáticos de la ciudad, conocer su historia, superar los retos que nos íbamos a encontrar. Así conocer el Pozo Árabe del Salvador y la sociedad y formas de vida del medievo, la Iglesia de San Antonio y los obradores de dulces, Santo Tomé y el arte del Greco, la Sinagoga del Tránsito,  Santa María la Blanca y la relevancia de la comunidad Judía y las relaciones sociales de la época, el Puente de San Martín y la estratégica posición de la ciudad, para acabar en el majestuoso Monasterio de San Juan de los Reyes, donde conocimos la importancia de los Reyes Católicos y la historia de nuestra patria. Cuarta y Quinta lección del día: Los Caballeros triunfan si trabajan en equipo y  son leales. La historia y el arte son un “juego muy serio”.

Finalmente quedaba reconocer el trabajo bien hecho, era el momento de dar las Progresiones y entregar los Premios BP, el reconocimiento al Castor Gabriel Cordero, a la Lobata Lorena Alegre (ardilla) y a la Scout Raquel Cordero, por encarnar con gran fidelidad los valores del Grupo, era el momento culmen de nuestro viaje. Sexta y última lección del día: Trabajar sin esperar nada a cambio es un búmeran que te devuelve el reconocimiento de los que te rodean.

Se acababa el día; teníamos que regresar a casa, armados Caballeros de La Espada, sólo nos quedaba traernos un recuerdo que atestiguara nuestra singular aventura: una foto desde el Mirador del Valle, justo cuando la luz del cielo nos regalaba un manto azul crepuscular, el Grupo Scout Sant Yago posaba victorioso frente al Alcázar de Toledo, la Catedral Primada y San Juan de los Reyes.

Nuestro Grupo había adquirido una deuda de gratitud hacia nuestro querido Obispo, D. Francisco Cerro. Él nos acompañó de manera excepcional en nuestro caminar hacia la fundación del escultismo católico, siempre nos alentó y guió como buen pastor diocesano. Nuestros corazones de Caballeros no podían dejar de acompañarle en un momento tan trascendental para él, en una oportunidad tan magnífica para que todos recibiéramos seis lecciones de vida.